En una entrada anterior mostrábamos la preocupación por la
fractura de convivencia, una vez más, entre israelíes y palestinos a propósito de la franja de Gaza. Todos sabemos que el
inicio del problema palestino se produjo con el asentamiento judío como estado
de Israel, con apoyo internacional en 1948, tras la II Guerra Mundial. A partir
de ahí se envenenaron las relaciones entre árabes y judíos, llevando a muchas
guerras a lo largo del s. XX y XXI, que no
vamos a recordar en estos momentos.
Los cohetes de los luchadores de Hamas, terroristas para
Israel, provocan la reacción fulminante del gobierno y ejército
de dicho Estado, como legítima defensa, pero con medios desproporcionados y sin
consideración a la población del entorno, bombardeando indiscriminadamente la
franja de Gaza como réplica a tal hostigamiento. Más de un millar de muertos
palestinos se ha producido en esta
semana, en su mayoría niños, mujeres y ancianos que en realidad son rehenes
inocentes de unos y de otros. Por eso no entiendo bien la posición de un
conocido periodista y escritor español que escribió en La Razón estos días una carta posicionándose a favor de Israel. Creo que debía haber sido más
equilibrado y “razonable” en La Razón para entender las dos
posiciones en lucha.
Es de lamentar que en estos días, esta pobre gente, no haya podido vivir con sus hermanos de
religión la fiesta del Ramadán (Aid al Fitr) que acaba de terminar. Los occidentales y cristianos, en particular, conocemos muy bien el respeto y la fidelidad de los musulmanes
por su fiesta religiosa. Les han faltado lágrimas para llorar a los suyos y sus
ojos nublados por la pólvora miran al cielo pensando si Allah un día resolverá con justicia su
situación, porque las organizaciones internacionales (ONU) y las grandes
naciones no logran resolver este atropello histórico y este lento genocidio que
les impone paradójicamente los judíos descendientes de aquella tragedia de su Holocausto.
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