viernes, 4 de julio de 2014

UN ENTREACTO DE EJEMPLARIDADES EN LA HISTORIA COTIDIANA



Te  has acostado y dormido un día cualquiera, con la última actualidad televisiva o radiofónica, dominado por el sueño, cuando te despiertas de madrugada y te ves insomne, tus ojos como platos, por razón  fisiológica o sin motivo aparente. Varias cosas se combinan en tu mente en esa madrugada de  sueño interrumpido. El caso es que caes en la trampa de acudir al transistor y ya te desvelas del todo. Te recuerdan los comentaristas de la interesante sesión  “gente despierta” de RNE, un hecho relevante como la reciente desaparición de una de las mejores escritoras españolas del siglo XX- XXI y la presencia en la onda de su  hijo Juan Pablo Goicoechea. Se trataba de   la vida y obra de la gran escritora y profesora, Ana María Matute, premio Cervantes 2010, fallecida a los 88 años hace unos días, el 25 de junio de 2014. Este recuerdo me retrotrae a mi etapa de estudiante de Filosofía y Letras de cuando ella obtuvo el premio Nadal, al que siguió después todos los premios nacionales recibidos: 15 novelas, de prosa lírica y realista, con aspectos muy diversos de la posguerra española y una treintena de relatos cortos y cuentos para niños.


De esa información nocturna de hoy destaco ahora la voz de Esther, maestra infantil, que invitó, tiempo atrás,  a la escritora barcelonesa y española, miembro de la Real Academia de la Lengua, a participar en una clase  con alumnos de diez años  a  los que había motivado  por su obra,  especialmente  su narrativa  de cuentos que les había fascinado, como le había ocurrido a la misma escritora siendo  niña y  como les ocurre a nuestros pequeñines y nietos de hoy, con argucias maternales o de abuelas  para que coman con más interés o de forma más distraída.

Escuché en sepulcral silencio una magnífica clase nocturna como tantas otras que facilitan las cadenas radiofónicas  en contraposición  a otras diurnas, televisivas principalmente, banales,  propias de alegres o  enfadadas o desenfadadas comadres ( o compadres, haberlos  haylos)  del cuchicheo pueblerino, que no salvan a nadie.



De ahí mi mente se trasladaba después a otra situación escolar, entre millares  de ejemplaridades en toda España de la que he sido testigo recientemente: en un centro público de enseñanza básica,  "García Lorca", que clausuraba el ciclo educativo en mi vecina Málaga, con simpática altura “académica”, cantando el "gaudeamus igitur" universitario. Da placer ver, en contraposición también a tantos  problemas y críticas que se suscitan a veces,  a maestros, profesores, educadores, ilusionados  impartiendo el hermoso oficio culminándolo en fiesta de clausura con  padres y familiares en  labor conjunta,  y ver al infantil  alumnado en cohabitación educativa  actuando en el escenario, con vivacidad  y  satisfacción, cantando, narrando y                                                                        participando  en mirada intercambiada con los padres.

La conexión de una activa comunidad escolar es fundamental  para  el  factor eminentemente educativo  y,  aparte de la  función  de los servicios del Estado, la  sociedad civil debe velar por el mejor patrimonio que tenemos, esto es, las personas y en especial  los pequeños  de hoy, protegidos en sus nidos, prestos a volar un día como  ciudadanos y ciudadanas de pro y de progreso moral y material. Este cultivo del espíritu y de la inteligencia es la  inversión con más rentabilidad a medio plazo que puede hacer un Estado modélico para construir una sociedad más humana, un país próspero y con futuro.



Otra realizada generación la de los llamados “Mayores”, padres o abuelos,  no  se quedan atrás: ¡Hasta nonagenarios dan ejemplo!, en busca del tiempo de justicia que no tuvieron y que han reencontrado,  en Aulas de adultos y de formación permanente. Las  Aulas de Formación Abierta de la Universidad para  “mayores” aún  jóvenes, en su afán de formación, es un ejemplo para propios,  familiares  y extraños. La Universidad de Mayores, como se  suele  a veces  denominar,  es un hallazgo  del que todavía  no se ha extraído todo el potencial   que puede generar.

 Valió la pena  haberme  despertado y quedado insomne esa noche  para seguir soñando y deseando que estas ejemplaridades de diferentes generaciones se proliferen  y se motiven en  pueblecitos y en ciudades de España y  que los ideales inter-generacionales  se  prodiguen en el resto de la Humanidad de la Tierra. Esto tiene verdadero sentido si de verdad aspiramos a un Mundo Mejor. Esta sí que es la verdadera POLITICA.

martes, 1 de julio de 2014

OTRA OPORTUNIDAD HISTÓRICA: FELIPE VI, DE ESPAÑA


Este joven de casi dos metros, cuarentón y atractivo es mi Jefe de Estado, el nuevo rey de la España del siglo XXI, pertenece a la generación de mi propio hijo, así como como yo también fui de la generación del padre la llamada generación del Príncipe Juan Carlos, en la España del régimen de Franco. Casi  medio siglo nos contempla: Recuerdo su chiquitina imagen recién bautizado en brazos de su bisabuela la Reina Victoria,  esposa del destronado rey Alfonso XIII. Su padrino fue  su abuelo D. Juan de Borbón, el que pudo haber sido Rey Juan III, si el todopoderoso general Franco lo hubiera creído conveniente.

Era el inicial año 1968, y conocí las noticias por TV- F y la prensa francesa y española en el país vecino, donde por mayo se obscurecía la grandeza del general De Gaulle. A partir de ahí, fuese dentro o fuera de España seguíamos  el proceso de la riquísima formación del príncipe Felipe hasta la fecha actual, conociendo datos de su vida personal o afectiva, a través de los medios de comunicación. Sin duda su infancia fue más feliz que la de su padre y su formación incluso más completa y de ello se encargaron sus padres Juan Carlos y Sofía, reyes providenciales para España en el comienzo del último cuarto del siglo XX.

Tras sus estudios de bachillerato, como  príncipe de Asturias, realizó el COU en Canadá, donde profundizaría sus estudios de francés e inglés, efectuaría su formación militar en las Academias españolas  de los tres ejércitos, haría estudios de Derecho y Economía en la Universidad de Madrid y posteriormente curso de Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown, Washington. Y también la experiencia  que da vivir inmerso y  entregado a la vida de la Nación.
Gobernando el PSOE, jura la Constitución ante el presidente del Congreso Gregorio Peces -  Barba. En los años 90 despacha con el Rey, aprende temas de Estado y viaja en actividades diplomáticas. Está implicado en toda clase de actividad social, cultural, deportiva, humanística etc. que le da una gran información del país del que aspira a ser el primer servidor, llegado el momento. Sigue la realidad cotidiana de la vida española e internacional gozando de las buenas noticias y mostrando preocupación y  solidaridad allí donde es necesario. Grandes asesores y maestros le han guiado en su experiencia vital.  Las previsiones eran conseguir un futuro rey – gran Rey – para un gran pueblo como el español. He ahí la esperanza de esta hora, la oportunidad histórica de un reinado feliz para España.

Un nuevo Benito Pérez Galdós, en nuestra época, tendría materia selectiva para narrar los “episodios nacionales” que hemos vivido los españoles entre los siglos XX y XXI. Llegados los últimos cuarenta años Juan Carlos I,  agotado y perplejo por errores propios y de su entorno, y las crisis que amenazan al Estado de la Monarquía parlamentaria, constatan la  pérdida de lozanía personal y brillantez de la Corona, por lo que decide abdicar en su hijo Felipe, el mejor valorado de la familia real junto a su madre la reina Sofía. El futuro heredero lleva ya diez años  casado con la asturiana Letizia Ortiz, periodista inteligente, convertida en Princesa de Asturias y ahora Reina de España, con la que ha tenido dos hijas, Leonor, futura heredera Princesa de Asturias , y la infanta Sofía.

En menos de un mes tiene lugar la abdicación de Juan Carlos I  tras treinta y nueve años de  reinado, muy  positivo en su conjunto, seguida de  la proclamación del  Príncipe de Asturias como Rey Felipe VI. Su antecesor en la lista regia fue Felipe V de Anjou, nieto de Luis XIV, que introduce la Casa de Borbón en España, sucediendo a la Casa de Austria.

Todos los actos bien programados por el Gobierno y la Casa Real en estrechos días, realizados en un contexto social  de crisis preocupante, fue un reto al que hizo frente el Ejecutivo, el principal partido de la Oposición – PSOE,  el Parlamento, la Administración y la Ciudadanía en su calmosa responsabilidad, superando improvisaciones e imprevistos. Semanas antes grupos  anti-sistemas y otros, descolocados  de su inicial apoyo de consenso a la Constitución de 1978, se mostraban renuentes y solicitaban un referéndum para dar opción a una salida republicana al país, desplegando banderas de la II República de 1931 y  manifestaciones por doquier.

Todos los actos reales Abdicación y  Proclamación del sucesor, previstos en la Constitución vigente, yacen como testimonios históricos en el anaquel de la Historia, hemerotecas y medios audiovisuales tecnológicos, con la profusión de datos e información de los grandes y pequeños diarios nacionales, así como de los extranjeros. Nada hay que añadir a lo que han visto y oído millones de españoles y extranjeros en esos días tan primaverales y esperanzadores pese  a los sinsabores de crisis que atenazan al país.  El discurso de Felipe VI no me parece “una oportunidad perdida”, a no ser que se quiera en plano demagógico: dice lo que puede decir un rey de una monarquía constitucional y parlamentaria; hay que releerlo porque hay más sabia que está en las raíces de ese discurso humano, sentimental, valiente, trascendental, que emite:  es el propio de “ un hombre de su tiempo”, “persona intrínsecamente ética” que  desea una monarquía renovada para un tiempo nuevo” y para   “una España diversa  en la que caben todos ”. 

Si yo, que me considero  accidentalista en cuanto a régimen, pero ciudadano español  responsable, tuviera que elegir entre republicanos de ayer o de hoy, prefiero que mi hijo – como decía alguien – se conforme con la posibilidad de llegar a ser jefe de Gobierno y no llegar a las alturas empíricas de Presidente de República al estilo de la I República, o de la Segunda o de una Tercera… El que el pueblo quiera. Bueno, dejémoslo ahí para evitar inútil discusión. Por ahora digo con Ramón Tamames, hombre de la izquierda clásica antifranquista, que el nivel de preparación de Felipe VI es de tal amplitud que es “un rey para la globalización de nuestro tiempo, que hace del joven monarca una figura única”. Entre millares de positivas opiniones sobre el hombre llevado a la alta responsabilidad del Estado, junto  a la reina Letizia, destaco una foránea, la de Arturo Velenzuela, de origen chileno, miembro del gobierno de Barak Obama, y ex – profesor del Príncipe: “Persona encantadora, con visión extraordinaria del mundo, se le valora mucho en la América latina, y por su figura muy prestigiada y su  capacidad puede hasta cierto punto  incidir en un momento importante para España y para Europa”.





viernes, 27 de junio de 2014

¿POR QUÉ ABDICA AHORA EL REY?


 No estaba en la mente del Rey Juan Carlos dejar el trono al cumplir los setenta años, aún  seguía  bien erguido a pesar de sus visitas médicas quirúrgicas; de todas formas su estado físico no estaba del todo presentable.  El principio defendible era “Ha muerto el Rey, ¡Viva el Rey!”, pero avanzado  el siglo XXI ha ido perdiendo lustre la Monarquía parlamentaria por mal o deficiente funcionamiento de las instituciones democráticas, ¡Quién lo diría!, servidas por una clase dirigente con responsabilidad política, económica, jurídica  y administrativa, que ha creado desconfianza y decepción  en la ciudadanía.



 La razón principal del malestar popular es la percepción de haberse creado una clase política endogámica de partidos políticos cerrados y privilegiados, mayoritarios, que  dueños del poder han sucumbido a la corrupción y codicia que a lo largo del tiempo los han ido corroyendo  impregnándose el país. Esto perjudica a cualquier régimen, especialmente si se titula Monarquía parlamentaria con un Estado social y de derecho. Han gritado mucho los diputados en el Parlamento, nunca encuentran “una verdad” para concordar, el  país se  va disgregando y no se enteraban de lo que le venía encima.

 En segundo lugar, es dañosa la falta de ejemplaridad  personal y social,  con olvido del sentido ético, máxime cuando ha contaminado  al vértice sensible  del Estado que es la Corona, prosperando  comentarios y chismorreos callejeros,  desfavorables a miembros de la familia real y  en los  medios sociales críticos  – en un país libre y de derechos humanos -  en los que se ven aludidas y tocadas  las instituciones a todos los niveles del País. Entre alguna institución que salva el honor, el pueblo salva a  la Reina Sofía  y al presunto príncipe sucesor.


Si eso fue y es así, añadamos la  crisis económica y financiera que ha llevado al país a una situación insoportable que lleva a unos ciudadanos  al suicidio y a muchos a la desesperación, que en otras situaciones históricas eran motivos de revolución. Gracias a la solidez de los núcleos familiares y  a la solidaridad  ciudadana y buen hacer de políticos de canastas “sin manzana podridas”, que alivian  el  ataque de esta “plaga de langostas”, el gobierno popular de mayoría absoluta, metido en la galerna, sueña con sacar al barco del naufragio. Son al menos tres motivos suficiente para dejar paso a una esperanza colectiva que pueda encarrilar su propio hijo Felipe  VI, a quien preparó para ser un digno Rey.

viernes, 20 de junio de 2014

REPÚBICA Y RES PÚBLICA


En estos años de crisis, finales de  primera década del siglo XXI, manifestaciones   y  protestas  sectoriales iban acompañadas  de banderas republicanas, portadas  por los que  quieren hacer confundir el rábano con las hojas.   Semanas atrás, especialmente, coincidiendo con  la voluntaria e inesperada abdicación del Rey Juan Carlos I,  impulsor de la Transición a la Democracia, sobrevenida  no sin grandeza,  tras  una guerra civil y una larga dictadura.  Ello es consecuencia  de los efectos de  crisis de todo tipo  que han zarandeado al país generando  un malestar  popular justificado. ¡Pensemos en   casi seis  millones  de  personas en  paro, y  otras penurias, con testimonio   de intolerable  corrupción  por doquier!


  El desprestigio de gran parte de la clase  dirigente  del país– tildada  de “casta” -  unido a lo  que afectaba  al vértice del Estado  era como  una  representación  visual de la Nación, amenazada por otra parte  tanto en el interior como  por el exterior. Por tanto la indignación de los españoles estaba y está  justificada.


 Un sector de la nación intenta  desprestigiar y querer arrumbar el sistema  político de esta  II Restauración monárquica, personificado en la persona  de Juan Carlos de Borbón que ha realizado una  labor histórica de enorme magnitud.  No  dar opción a  la  renovación  y regeneración  del  sistema  que se inspira en la Constitución consensuada de 1978, que ha dado  a los ciudadanos  cuarenta años  de paz y progreso,  es  no solo un error histórico sino una  actitud demencial de salto al vacío.  Ya  están  a la palestra   vetustos  nostálgicos  y   neo-republicanos  de ocasión para ver  si cae del machito otro abril del 31, por mor de  las crisis.  A ver si  la Tercera es la vencida. Si yo  fuera  ciudadano francés  me atraería ésta opción, o  lo comprendería;  como español  - no  he tenido cuna  monárquica ni republicana -   me ha interesado más   el fondo que la forma. En este  tiempo que  vivo, sin mucho plazo,   me gustaría ver el coraje  de una juventud  que alumbre su disconformidad  haciendo propuestas decisivas en interés del país  sin dejarse llevar  de la ceguera,    de aventuras  sin venturas,  de flautas halagadoras , de imitaciones a lo Penélope, sin atolondramiento a lo Pandora,  sin imitar a locuaces  aprendices de brujo… y de atávicas conspiraciones decimonónicas, reaccionarias. Los  jóvenes suelen  ser  idealistas pero no insensatos.

Los  pocos supervivientes   de 1931-36, y  sus hijos – ahora  abuelos- ,   mantienen  el recuerdo colectivo  de aquella  alegre primavera  de abril 1931 cuando  Alfonso XIII,  el abuelo del Rey Juan Carlos, empujado  por  manifestaciones populares, tras una  elecciones  municipales, dejaba  el trono  al comité revolucionario  del Pacto de San Sebastián,  tal era la debilidad  del régimen  monárquico . Aquella  explosión de alegría y esperanza  de regeneración  del  país, del 14 de abril de 1931,  pronto fallida, que fue la II República,  se disolvió  en un periodo de cinco años terminando en un golpe  militar en  Julio de 1936, la guerra civil  entre españoles y una dictadura de cuarenta años, que    sobrevivió   a una guerra mundial   y a un nuevo orden internacional, y en España  sin  libertades  políticas de régimen  democrático liberal.


Desde 1931 a nuestra  época actual han transcurrido  83 años. Recordemos  por última vez antes de partir. En  1975, muerto Franco,    vino  un proceso  de real  reconciliación entre los   españoles  con  la  Monarquía  de Juan Carlos, que  logra desatarse   de  su inicial  compromiso  franquista  para  ser “el rey  de  todos  los españoles”,  firmando  y apoyando la mejor Constitución  que  los españoles se han dado en la Historia. En esas Cortes  juancarlistas se han sentado  comunistas, falangistas, liberales, socialistas,  nacionalistas, luchadores  de la guerra civil con los  nacidos en la paz,   que han redactado, con consenso,  la Constitución de 1978. El  núcleo  duro del  antiguo  régimen  “el bunker”,  inmovilista, que    ofreció  grandes resistencias  al cambio  de régimen  autoritario acabó con penas y sin gloria.

Con el tiempo  toda la coexistencia o convivencia política española  se  perfilará  de forma más clara en el futuro, y se verá quien ofrece trigo limpio. Sabremos  a continuación si hemos hecho “la paz perpetua”,   o por lo menos “la pipa de la paz” o sólo la paz de  la frágil paloma. ¿No hemos  aprendido  nada de la Historia? Conocerla  con  máxima objetividad es  la posibilidad de que no  nos utilicen para sus avíos los presuntos “oradores” montados  sobre cualquier peana salvadora.




martes, 3 de junio de 2014

EL DERECHO Y EL SENY CATALÁN

El 15 de Octubre de 2008 tuvo lugar en Cataluña un colectivo trabajo de Ilustres Juristas, entre los que se encontraba el abogado granadino D. Manuel Morales, director del despacho Morales-Carvajal.  Gracias a este ilustre conciudadano pude observar el gran interés y valoración que efectuaron sobre “El Estado de Derecho después de 1978” cuyo autor es Ángel Font. 

Son verdaderos testimonios para la Historia Contemporánea. Se ve que los problemas españoles les afectaban e incluso aquellos que surgieron tras el reinado de Felipe V, de no buena memoria para los compatriotas catalanes. Esto sucedía en Cataluña cuando comenzaba la crisis durante la jefatura de gobierno de Rodríguez Zapatero. Figuras muy importantes catalanas que avizoraban el futuro, uno de los puntos hacía mención a lo que es una realidad actual: la abdicación en estos días de su Majestad el Rey Juan Carlos I.

Por el posible interés que ofrece , al culto lector de mi blog, expongo textualmente la frase  (“Abdicación, el método más razonable de                                                                sucesión monárquica”) que sintetiza las siguientes palabras:

“Creo que el reinado de un posible Felipe VI llegará del modo más natural posible. Que don Juan Carlos, en su momento, abdique en su hijo es el mecanismo más razonable y cómodo que debe emplearse. El Rey, en su día, decidió que el poder era del pueblo español; fue generoso, se puso al servicio de la Transición y del futuro de España. Ésta es la gran lección que sin duda heredará el sucesor al Trono.”


DINASTÍA DE BORBÓN EN ESPAÑA

Felipe de Borbón, príncipe de Asturias, llegado el momento  sería presunto  Felipe  VI, rey de España, en  la orden de sucesión de la dinastía. Esta  sucesión hasta muy reciente se  veía lejana,  así que  no se reguló  nada  al respecto durante el  periodo constitucional. Desde ayer el Consejo de ministros y la presidencia de las Cortes están sobre el tema para proceder oficialmente a la proclamación del heredero.

El príncipe Felipe, pronto  rey Felipe VI de Borbón, hijo  de  Juan Carlos I, va a  enlazar con Felipe V,  nieto de Luis XIV de Francia, introductor de  la dinastía borbónica en España,  en los albores del siglo XVIII. La  guerra de  Felipe V y del Archiduque de Austria  por derechos a la  sucesión a la corona de España, tras  la  muerte de Carlos  II, el Hechizado de la Casa de Austria, sin tener heredero,  dividió a los españoles en cruenta guerra civil y europea que se saldó con la victoria  del  francés y  una amputación  para  España.  Cataluña que optó por el Archiduque fue castigada  en sus Fueros por el decreto de Nueva Planta, Andalucía perdió la Roca de Gibraltar, acción consumada por Inglaterra,  aliada del austriaco, hecho que  ratificó  el Tratado de Utrech, que España tuvo que aceptar.


 Después de Felipe V  se sucedieron Luis I, su hijo, pronto fallecido; de nuevo Felipe V seguido de Fernando VI , Carlos III y Carlos IV en el siglo XVIII; Fernando VII, Isabel II,  Alfonso XII,  en el siglo XIX ; y en el siglo XX, Alfonso XIII y Juan Carlos I.


Felipe VI en el siglo XXI, pasado los cuarenta años, el destino le presentará la  ocasión  de dejar  el pabellón  más alto que sus  predecesores y  no bajar el  alto  listón  de su padre  y  superar  el recuerdo también  de los dos  últimos Felipe  de la Casa  de Austria con los que empezó el declinar del imperio español. Su hija Leonor de ocho años pasará ostentar el título de princesa de Asturias como presunta heredera.  


lunes, 2 de junio de 2014

PRIMERIZA NOTICIA: EL REY JUAN CARLOS ABDICA


El  Rey  ratifica a la Nación, el mensaje que dio personalmente en la mañana de hoy al jefe del Gobierno Sr.Rajoy:  la abdicación al trono  en favor de su hijo el Príncipe de Asturias.


Es la noticia  cumbre e inesperada  en este momento, tan  especial  para su persona y para España, ambos íntimamente vinculados  en la historia española desde tres cuartos de siglo.


Volveremos  sobre el tema.