viernes, 20 de junio de 2014

REPÚBICA Y RES PÚBLICA


En estos años de crisis, finales de  primera década del siglo XXI, manifestaciones   y  protestas  sectoriales iban acompañadas  de banderas republicanas, portadas  por los que  quieren hacer confundir el rábano con las hojas.   Semanas atrás, especialmente, coincidiendo con  la voluntaria e inesperada abdicación del Rey Juan Carlos I,  impulsor de la Transición a la Democracia, sobrevenida  no sin grandeza,  tras  una guerra civil y una larga dictadura.  Ello es consecuencia  de los efectos de  crisis de todo tipo  que han zarandeado al país generando  un malestar  popular justificado. ¡Pensemos en   casi seis  millones  de  personas en  paro, y  otras penurias, con testimonio   de intolerable  corrupción  por doquier!


  El desprestigio de gran parte de la clase  dirigente  del país– tildada  de “casta” -  unido a lo  que afectaba  al vértice del Estado  era como  una  representación  visual de la Nación, amenazada por otra parte  tanto en el interior como  por el exterior. Por tanto la indignación de los españoles estaba y está  justificada.


 Un sector de la nación intenta  desprestigiar y querer arrumbar el sistema  político de esta  II Restauración monárquica, personificado en la persona  de Juan Carlos de Borbón que ha realizado una  labor histórica de enorme magnitud.  No  dar opción a  la  renovación  y regeneración  del  sistema  que se inspira en la Constitución consensuada de 1978, que ha dado  a los ciudadanos  cuarenta años  de paz y progreso,  es  no solo un error histórico sino una  actitud demencial de salto al vacío.  Ya  están  a la palestra   vetustos  nostálgicos  y   neo-republicanos  de ocasión para ver  si cae del machito otro abril del 31, por mor de  las crisis.  A ver si  la Tercera es la vencida. Si yo  fuera  ciudadano francés  me atraería ésta opción, o  lo comprendería;  como español  - no  he tenido cuna  monárquica ni republicana -   me ha interesado más   el fondo que la forma. En este  tiempo que  vivo, sin mucho plazo,   me gustaría ver el coraje  de una juventud  que alumbre su disconformidad  haciendo propuestas decisivas en interés del país  sin dejarse llevar  de la ceguera,    de aventuras  sin venturas,  de flautas halagadoras , de imitaciones a lo Penélope, sin atolondramiento a lo Pandora,  sin imitar a locuaces  aprendices de brujo… y de atávicas conspiraciones decimonónicas, reaccionarias. Los  jóvenes suelen  ser  idealistas pero no insensatos.

Los  pocos supervivientes   de 1931-36, y  sus hijos – ahora  abuelos- ,   mantienen  el recuerdo colectivo  de aquella  alegre primavera  de abril 1931 cuando  Alfonso XIII,  el abuelo del Rey Juan Carlos, empujado  por  manifestaciones populares, tras una  elecciones  municipales, dejaba  el trono  al comité revolucionario  del Pacto de San Sebastián,  tal era la debilidad  del régimen  monárquico . Aquella  explosión de alegría y esperanza  de regeneración  del  país, del 14 de abril de 1931,  pronto fallida, que fue la II República,  se disolvió  en un periodo de cinco años terminando en un golpe  militar en  Julio de 1936, la guerra civil  entre españoles y una dictadura de cuarenta años, que    sobrevivió   a una guerra mundial   y a un nuevo orden internacional, y en España  sin  libertades  políticas de régimen  democrático liberal.


Desde 1931 a nuestra  época actual han transcurrido  83 años. Recordemos  por última vez antes de partir. En  1975, muerto Franco,    vino  un proceso  de real  reconciliación entre los   españoles  con  la  Monarquía  de Juan Carlos, que  logra desatarse   de  su inicial  compromiso  franquista  para  ser “el rey  de  todos  los españoles”,  firmando  y apoyando la mejor Constitución  que  los españoles se han dado en la Historia. En esas Cortes  juancarlistas se han sentado  comunistas, falangistas, liberales, socialistas,  nacionalistas, luchadores  de la guerra civil con los  nacidos en la paz,   que han redactado, con consenso,  la Constitución de 1978. El  núcleo  duro del  antiguo  régimen  “el bunker”,  inmovilista, que    ofreció  grandes resistencias  al cambio  de régimen  autoritario acabó con penas y sin gloria.

Con el tiempo  toda la coexistencia o convivencia política española  se  perfilará  de forma más clara en el futuro, y se verá quien ofrece trigo limpio. Sabremos  a continuación si hemos hecho “la paz perpetua”,   o por lo menos “la pipa de la paz” o sólo la paz de  la frágil paloma. ¿No hemos  aprendido  nada de la Historia? Conocerla  con  máxima objetividad es  la posibilidad de que no  nos utilicen para sus avíos los presuntos “oradores” montados  sobre cualquier peana salvadora.




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