viernes, 8 de enero de 2016

A. Cataluña y el Estado español: Historia de un "acomodo" difícil

Sería una “obra maestra”  para quien supiera tener los mimbres  para  explicar con solvencia  el  porqué de ese difícil   acomodo.  Y  si pudiera darnos  soluciones  sería un verdadero “padre de ambas patrias” (¿Es mucho soñar”? España y  Cataluña, fecundadas históricamente y fecundas en paralelo).


En la iniciada Edad Moderna  partimos  con la realidad política de la Castilla de  Isabel  I  y del reino  de Aragón del futuro Fernando II, el Católico, en el que se engloba Cataluña, bases ambos  del futuro  Estado moderno  en la Europa de su tiempo. Castilla y Aragón con Cataluña   fueron las dos principales bisagras, con  lenguas, culturas  y artes  salidas de la latinidad, que se proyectaron en acciones  diferentes o compartidas. La  dirección de Castilla en el descubrimiento de  América y  su expansión  oceánica  le proporcionó especial primacía  en el conjunto  peninsular.

Ése o esos “alguien” nos recordaría(n)  el difícil acomodo  en el siglo  XVII,  en tiempos de Felipe IV  de la Casa de Austria,  o  la  desdichada  guerra de Sucesión  a la corona de España,  tras la muerte, en 1700, de su hijo  Carlos II el Hechizado,  sin tener heredero, que abre el siglo XVIII en una guerra civil  entre españoles , castellanos y catalanes, entremezclados  - en guerra de carácter internacional -  franceses y austriacos -  , a favor de los derechos  de la Casa de Borbón (Francia, de Luis XIV) o a la del archiduque  Carlos (Casa de Austria), respectivamente. Ya se sabe las  consecuencias  de la victoria de Felipe d´Anjou, nieto de Luis XIV de Francia , denominado  Felipe V,  que impuso  el decreto de Nueva Planta  eliminando los fueros catalanes.  De  esa  coyuntura bélica  hay verdades históricas y leyendas, construidas a posteriori, que siguen en el imaginario de la alteridad catalana hasta nuestros  días.

En el siglo XIX  los ciudadanos catalanes  participan con normalidad en el  destino común de España: dos catalanes, Estanislao Figueras y a continuación  Pi y Margal  presidieron la primera República española. También Juan Prim y Prats,  general victorioso  en Castillejos (guerra de Marruecos), en ese ciclo histórico,  fue Jefe de Gobierno de España, pero  monárquico defensor  del Príncipe  Amadeo , de la Casa de Saboya, al que no pudo ver ni apoyar  en su  efímero trono de España.  El  general Prim, conde de Reus, marqués de  Castillejos, abrirá  la lista  de gobernantes asesinados por el anarquismo, plaga  que dejará su impronta  en el siglo XX. En el siglo XIX, con el romanticismo  y  cierta corriente religiosa  se abrirá un sentimiento difuso de nacionalismo catalán.

En el siglo XX  Enric Prat de la Riba, fue presidente de la comunidad catalana  y  cabeza intelectual  de un nacionalismo  moderado, la Lliga Regionalista. Pese   a sus  estudios en Madrid  y después en Barcelona  se irá mostrando  moderado nacionalista  con gesto narcisista y  victimista sobre  el hecho catalán  en contraposición al  sur peninsular. Francesc  Cambó, Jefe de la Lliga regionalista  consideró exageradas  sus opiniones como exaltación lírica de virtudes del pueblo catalán frente al resto de España.  La Dictadura de Primo de Rivera fue bien acogida por la burguesía catalana al principio,  pero el capitán general, convertido en dictador ”blando”, no logró  atraerse  ese particularismo  regional, de voltaje,  de  mutuo  acomodo del que hablamos, para una acción en común en beneficio de las dos comunidades  bilingües y hermanas.  La divergencia se acentúa, años después,  hasta el punto que  Francesc  Maciá, ex militar español, y Lluis Companys, su sucesor, caído ya Primo  de Rivera  y  la Monarquía  de Alfonso XIII,  sirven a la instalada   II República  española  en  la opción de Izquierda  Republicana catalana.

El catalanismo  en su versión  conservadora , e izquierdista  en segunda instancia,  pone  en peligro  la paz republicana,  declarando “el Estado catalán dentro del Estado español” con amago de  separatismo o secesionismo ;  mal augurio en el futuro, como se vería en 1931 y  en 1934, gobernando  el centro - izquierda con Azaña -PSOE o el centro –derecha con Lerroux- Gil Robles,  en el  marco republicano.


La II  República  fue sorprendida en su buena fe  por esos  gestos  desleales  del catalanismo centrífugo que  concitaron  la  sospecha  del resto  del país. La II República tampoco consiguió  un leal  acomodo  de  Cataluña con el resto de España y viceversa.

Los cinco años  republicanos (1931- 1936) están  objetivamente   estudiados y valorados, bajo  el prisma  de  la  Historia,  para  saber  las  causas  y las consecuencias  de  su fracaso  (uno de sus problemas fue la “cuestión catalana”), consumado con  una rebelión nacionalista de derechas, con nueva dictadura militar y  decenios de franquismo   autoritario, que duraron cuarenta años.  El catalanismo  nacionalista  encontró  motivos,  de nuevo,  para  empezar  a  luchar  por  su identidad  soterrada, cuya acción separatista lo había provocado.

Pero al parecer  encontró su acomodo  tras la muerte de Franco  con la Monarquía  de  Juan Carlos I de Borbón , la Transición política  y  la  Constitución  de  1978, con  consenso y referéndum  en toda España, en las que los catalanes fueron  parte muy activa.  Es la etapa  primera protagonizada por  Adolfo Suárez  y  posteriormente  por  Leopoldo  Calvo Sotelo: 1976- 1982.

Es determinante  la  política de Suárez  y  la vuelta como  Molt Honorable de Josep  Tarradellas, de la Ezquerra  de la II República en el exilio, catalanista  no  independentista, como presidente de la Generalitat recuperada, estando ya  Jordi Pujol en la escena política , dispuesto a  dominar la situación  según sus propios designios. En la España de las regiones, futuras comunidades autonómicas,  Jordi Pujol no tiene prisa  en llevar la autonomía catalana a una futura soberanía,  hacia la independencia. Calvo Sotelo, con una UCD  decadente,  efectúa los primeros pactos  que llevarán a futuros traspasos  de competencia  estatal para la Generalitat catalana: el incipiente  Estado de  las  Autonomías.  Después como es sabido  se extendieron las autonomías sobre la marcha en una Administración territorial novedosa con  “café para todos”.


Con la victoria absoluta del  Gobierno  PSOE, de Felipe González ( 1982 y con apoyo de Pujol hasta 1995), se produce 13 años de  encuentros y desencuentros  “evitados”  (acusación de fiscales Mena y J. Villarejo, por la Banca Catalana: clamor victimista de  Jordi Pujol, presidente de CIU y  de la Generalitat), por una  especie de alianza de conveniencia, ejemplo : Juegos Olímpicos  para Barcelona, Exposición Universal  y Ave para Sevilla. La corrupción  anida en los aledaños  del Sistema. Al final,1995, Pujol deja caer a Felipe González ,  con  pérdida  de  confianza  y  de reacción  tras una época de  aparente esplendor.

Lustros de gobierno de Convergencia y Unión en Cataluña se aprovecharon  para  fortalecer el catalanismo al que justificaban sus ribetes nacionalistas aparentemente moderados  como respuesta al anterior centralismo franquista del Estado español,  producto a su vez de la siempre “cuestión catalana”, problema  también  reproducido y  aparentemente solventado en la II República española.

Llegada la Democracia se asientan las libertades y Cataluña parece encontrar su acomodo.  En 20 años el gobierno de la Generalitat  de Jordi Pujol creó las bases para una soñada nación sin expresiva declaración de intenciones. Poco a poco la Generalitat actúa como un estado dentro del Estado, vigorizando medios sociales en pro de un nacionalismo catalán militante: “amnistía” – “autonomía”- “soberanía”, fueron temas claves para conseguir no un acomodo con el resto de España sino el  modo de conseguir un plus ultra futuro, creando justificado recelo del poder central y de los propios ciudadanos hispano-catalanes dentro de Cataluña, que tendrá su expresión más en el primer tercio del siglo XXI.

A finales de los 90, tras la salida del poder del PSOE, tiene lugar el pacto del  Centro- Derecha de José María Aznar y  Pujol (del Majestic) que necesita  el apoyo parlamentario catalanista: también habrá  encuentros y desencuentros en esa relación del Estado y la Comunidad: 400.000 millones  de pesetas para Cataluña y nuevo sistema de financiación autonómica y con la participación  de  las Comunidades  autonómicas en la Agencia Tributaria. Pese a todo no logró  Pujol la transferencia de la sanidad  ni los aeropuertos.


A todo esto,  el mundo  entrado  en el siglo XXI tiembla  al caer las Torres Gemelas,  por ataques  de suicidas islámicos  con  aviones  occidentales,  técnica occidental  y despiste occidental,  tanto en América, Europa y España, en particular.  Como soluciones,  los pueblos  tienen  su sistema  de salvación: atacar al enemigo (Irak, Afganistán…)  o hacer defensa a ultranza con alianza de civilizaciones.  Estamos en la etapa de  José Luis Rodríguez Zapatero  conocido por haber obtenido en elección interna del Partido la secretaria General del PSOE. Llega al gobierno en la victoria de marzo 2004, en el clima del ataque terrorista de los trenes de Atocha. Fueron tiempos de crispación con el Partido Popular desalojado del Poder.

Rodríguez Zapatero (2004 - 2011) tiene ocurrencias políticas  no siempre  atinadas. Respecto  a su partido   hermano, socialista catalán – el PSC -,   más que contribuir a resolver problemas del  Estado español  le ocupan y preocupan los problemas locales  y de Cataluña, logrando derrotar a CIU efectuando pactos tripartitos  con Esquerra  Republicana (famoso  Carod Rovira)  siendo  el  socialista Maragall el nuevo  Honorable de la Generalitat (Pujol, alejado aparentemente del poder tiene  su desgraciado  proyecto  financiero  que un día se sabría públicamente ante el estupor del mundo).

Zapatero  sin pensarlo dos veces lanza la promesa a   Maragall, de que el Estatuto  que salga del Parlamento catalán sería   bien acogido por su gobierno. Hecho que  traería futuras consecuencias. Pascual Maragall,  perdido  en el torbellino  de la política  de desgaste, deja su tronío a José Montilla.  Éste,  al frente de la Generalitat  se siente impotente  para  llevar la Institución a un acomodo  real con el gobierno  del  Estado central  en manos del PSOE, con un tripartito  que  ceba  a Esquerra Republicana  mientras  que el Partido socialista catalán se  desdibuja  ante  su antiguo electorado  fiel al  PSOE hasta entonces..  El  PSC, autónomo del PSOE   desorientará a sus bases,  como se  demostrará  en  los primeros lustros del siglo XXI por su afinidad con el catalanismo  contagiado de su anterior  coaligado  de Ezquerra;  no pocos militantes  del PSC- PSOE, se sienten más catalanistas que españolistas, que van a participar en la defensa “del derecho a decidir”, marca inicial del independentismo de izquierda  y de derecha.   

A nivel de Estado, tampoco la política  internacional de  Zapatero   logra mantener  la marca España que supo darle su predecesor y correligionario Felipe González, ni tampoco  mantuvo la prudencia  y alto sentido de Estado que reflejó  el  socialista  sevillano en la política nacional, pese  a  controversias contundentes con sus  oponentes  de  la Derecha.  En este esquema elemental podemos ver las claves de la evolución  que supuso el consenso de la Transición y el papel de la Monarquía con la Constitución de 1978 a la entrada del siglo XXI, es decir, desde el fin de la Dictadura a la España constitucional  del  consenso que empieza a ser contestado abiertamente por el independentismo y por los que aspiran a un cambio político y social al margen del sistema constitucional de 1978, bajo la Monarquía restaurada tras la muerte del caudillo dictador, en 1975. En este marco tendrá lugar la victoria de Mariano Rajoy, al frente del Partido Popular, con mayoría absoluta, frente al PSOE de Zapatero, en el año 2011.


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