viernes, 29 de enero de 2016

D. El nacionalismo tóxico impide el “acomodo” y la supervivencia de Jordi Pujol como Estadista (continuación).

En distintas  “entradas” de este  blog el tema de la relación “ Cataluña oficial – España oficial”    está varias veces aludido porque  es preocupación compartida  por la ciudadanía, convencida de ser la llave de nuestra convivencia ahora y en el futuro. A estas alturas  sabemos que  los catalanes  separatistas,  al internacionalizar  el conflicto doméstico,   piensan en  Kosovo, o en  Timor, o Escocia, o en el Quebec canadiense, o en  ciertas regiones o territorios de la Unión Europea, en donde hace mella  el nacionalismo. 

En esas  “entradas”, a las que aludo, hablo  del paso  del catalanismo  moderado que se  reconoce en el político  de la Lliga regionalista, Francesc Cambó,  en el primer tercio del  siglo XX, o del conservadurismo  pujolista,  de CIU, en  el posfranquismo  de los años 70, de moderado catalanismo pactista. El político exiliado, histórico Josep Tarradellas,  de Izquierda Republicana (ERC), mantuvo  una pauta reconciliadora y pactista con el Rey Juan Carlos I y su jefe del Gobierno Adolfo Suárez, de forma que Cataluña recuperaría  la Generalitat siendo reconocido  Tarradellas como su presidente Honorable,   ante  la expectación y algún recelo de otras fuerzas catalanas

A la muerte del líder republicano y  hombre de Estado,  su partido ERC tomó otros   derroteros encarnados en sucesivas figuras como Heriberto  Herrera, Carod Rovira y actualmente Oriol Junqueras. El Estado central y  la Generalitat presidida por Jordi Pujol se entienden y cooperan,  pese a encuentros y desencuentros  propios de la política cotidiana. Pero  transcurrido el tiempo y el desgaste de esa entente inicial , y  con el Gobierno   PSOE de José Luis  Rodríguez  Zapatero   en Madrid, y Pascual Maragall ( PSC- PSOE) en la Generalitat,   se hace cuerpo el tripartito de izquierda PSC - Psoe , con ERC y el antiguo  partido unificado  y otra izquierda  desalojando  a CIU del poder. El Partido Popular de Cataluña ejercerá una oposición  contundente  ante la deriva  de una Generalitat  socialista -republicana, con un CIU cada vez más alejado del gobierno de Madrid y en un clima de inquietud que provoca el  terrorismo  interior y exterior de la primera década del nuevo milenio.

El  CIU de Artur Mas decepcionado y enfrentado  al Gobierno de Rajoy por un demandado pacto fiscal, le lleva a unirse al ERC de Oriol Junqueras y juntos,  izquierdistas republicanos y conservadores de centro- derecha,  se alían oficialmente contra la política del Partido Popular de mayoría absoluta , sumando a otros y otras figuras  de  grupos minoritarios  que recuerdan  el hiriente  separatismo  de los años 30  de la II República del Pacto de San Sebastián . El lema reivindicativo  y justificativo es el principio, voluntarista  y particularista, extendido  en esta época de  “El derecho a decidir”, como base jurídica  elemental.  Es un gesto reivindicativo  de todo o nada.  La Generalitat se siente potente y “legitimada” para desafiar al Estado central  en guerra polémica y de movilización  ciudadana, pero  con  guante de seda,  sin alardes  demagógicos y con la respetabilidad  de  demócratas  liberales, europeístas, etc.,  convencidos  de la táctica pacífica a seguir. Otra mitad  de la población catalana asiste como posible   “mayoría silenciosa” a este descalabro  de convivencia política en Cataluña, sin haber dicho todavía su última palabra. Ese pretendido derecho nacionalista es  justo y razonable si es  para  defender  el  universal principio  de autodeterminación en defensa  de pueblos  oprimidos. Pero ese no es el caso de España ni de países democráticos europeos. 

Los nacionalismos particularistas se basan  en su propio  sentimiento local,  en  su  voluntad  e interés egoístamente insolidario, ajenos a la justicia y al sentimiento  que merecen las otras fratrias del  territorio  local y de todo el conjunto nacional. De ahí que volvamos nuestra mirada, finalmente,  a los hechos que hemos vivido en los últimos años  de la primera quincena del siglo XXI, en medio de una crisis global que afecta a España, a Europa y al mundo.

Pero recordemos, antes de proseguir, que durante 20 años Jordi Pujol forjado como líder del “nacionalismo moderado” fue el  verdadero Cap de Cataluña,   más allá de ser el Presidente  de la Generalitat. En esa época, por ejemplo y como anécdota digna de retener, vimos surgir la posibilidad   de un  proyecto novedoso  hispano-catalán  presentado por   el abogado  Miquel Roca Junyent, de CIU, nieto de un carlista, y hábil parlamentario en las Cortes españolas , otro “padre de la Constitución de 1978”, como posible  rector de la política española. Miquel Roca era la cabeza de un reciente partido  Reformista Democrático patrocinado por  el conocido abogado Antonio Garrigues Walker, entre otras prestigiosas personalidades hispano-catalanas.  Roca era el  aspirante a la jefatura del Gobierno de España para  las elecciones generales del momento. Pasó a la historia, con fracaso sonado, con el eslogan  “Operación Roca” (1984-1986).

Antonio Garrigues Walker , era miembro de la conocida familia política española de los Garrigues, amigos del Presidente  Kennedy. Su padre fue Ministro de Justicia en el inicial reinado de Juan Carlos I de Borbón. Ese proyecto aportaba un substancioso   presupuesto  electoral. El pueblo  español no comprendió dicha operación -marketing diseñada sin convicción o   mal explicada, pues Roca  siendo miembro de CIU no quiso o no pudo mojarse del todo, sin dejar  previamente su total conexión con el  mundo  pujolista. La cuestión es que el electorado mantuvo  su confianza en Suárez y partidos nacionales  de la Transición,  sufriendo la Coalición  una debacle electoral pese a sus abundantes medios   financieros.

¿Qué hubiera sido de esa experiencia y de España de  haber  prosperado ese proyecto político?  No pocos de la élite del país la veían como una singular ocasión histórica de poder incorporar y comprometer a Cataluña en el destino de España.  Pero se planteó mal a los ojos de la ciudadanía española  produciendo  evidente  desconfianza . A toro pasado la pregunta es, ¿Ese proyecto era lealmente asumido por Jordi Pujol? ¿Qué piensan los historiadores al respecto?

Es verdad que  Jordi Pujol, durante veinte años de gobierno en la Generalitat,  testigo también  del 23 –F de del golpe de Tejero, apoyó al gobierno del PSOE o del  PP, alternativamente,  por razones de estabilidad del Gobierno central, sin mayoría absoluta, si bien logró obtener del Estado contraprestaciones urgidas,  que ampliaban sus competencias. Sin embargo, el Gobierno central no logró comprometer a Cataluña como Comunidad en el gobierno de España, si bien  hubo propuesta de Madrid tanto por  el PSOE de Felipe González, UCD y Partido Popular de Aznar. Esta es otra nota importante en la táctica o sentimiento  del estratega Pujol:  (“hoy transferencia,  mañana independencia”,  “hoy amnistía,  mañana soberanía”. No más implicaciones).

Cierto también que Jordi  Pujol, a principios del siglo XXI, sólidamente instalada la Generalitat con su poderío de facto,  actuó como un jabalí  acosado cuando  el nuevo Presidente de la Generalitat, el socialista Maragall, en el primer tripartito,  le recuerda el 3% de  “mordida”,  de adjudicaciones  de contratos de empresas. Era una acusación en toda regla cuyas palabras tuvo que tragarse por el revuelo institucional  que se formó. El tiempo corroboraría que la acusación estaba fundamentada. Pero esa lanzada inesperada  era  a sus ojos y ante los suyos,  un ataque a Cataluña. Los  estudiantes  de Historia  recordarían aquella expresión del absolutista francés, Luis XIV,  “El Estado soy yo“. 

Cuando llegado el nuevo milenio, en estos últimos años 2014-2015, está por medio el pulso  soberanista contra el Estado y  contra la misma España, Jordi  Pujol  ve cómo se investiga a uno de sus hijos  por  fraude a Hacienda, y se pone en guardia :  toma la iniciativa de declarar públicamente  haber heredado de su padre una cierta cantidad  de dinero y que “dormitaba”  en  Andorra sin haberlo declarado a Hacienda. El periodismo de investigación  y los órganos de  Hacienda tienen  cada día más información y el Molto Honorable, con  prestigio en entredicho,  tiene que declarar ante el Parlamento catalán y los Tribunales de Justicia. Sigue habiendo en   curso un largo  proceso judicial hasta la fecha.  Pese a estar el  prestigio del ex -  Honorable por los suelos  el seny que  adjudicamos a nuestros compatriotas catalanes – vellis nolli  -   no parece  ruborizarse demasiado: Tras el grito calumnioso de “España nos roba” se quedan mudos  ante la joroba inmoral del eximio catalanista. 


Por otra parte,  Jordi Pujol y familia podrán  ver poco tiempo después que  su sucesor “ahijado”,  Artur Mas,  Presidente de la Generalitat,  “se tira al monte” alineándose  con sus anteriores  adversarios políticos  republicanos, etc.,  para intentar pilotar  la presión contra el  gobierno central  y llegar incluso a la independencia  de España, hasta  formular en grito solemne en propio Parlamento la posible República catalana. ¿Esa sería  la  oculta ilusión de aquel Jordi Pujol, joven y rebelde bendecido  cuando  se presentaba como patriota catalán a la muerte  de Franco?

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