lunes, 16 de noviembre de 2015

Paris, arda o sufra: será TOUJOURS PARIS



Fanáticos exterminadores, “en nombre de Alá”,  ¿”justicieros”,  de qué dios?  siembran el  pánico  en varios puntos  de Paris, de los distritos X y XI, con  tres grupos coordinados, uno al lado del estadio Saint Denis,  donde jugaba un partido amistoso Francia  y Alemania, al que asistía el presidente francés François  Hollande, que fue  retirado urgentemente  del  lugar, haciéndose   cargo inmediatamente de la crítica situación del golpe  sangriento  y traidor  de esos  asesinos yihadistas, al servicio de un sueño califal vengativo. Otro lugar  fue en el teatro Bataclan, regentado por judíos, donde actuaba una banda de músicos  de heavy metal californiana. Otros puntos del centro de Paris, elegidos al azar. Había que matar, matar y morir matando, reventando sus propias entrañas.

El odio ciego en “ciudadanos europeos”, de segunda o tercera generación donde no penetró el humanismo de siglos, y que se reflejaba en aquella frase rabelesiana  de “ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”, o que la grandeza del hombre está en el pensar”, y tantas admoniciones que han podido leer en el Corán  que dice que “Alá es Santo, Clemente y Misericordioso”. Es el certificado de un fracaso de su propia  familia emigrante con su terrible baldón,  es un  fracaso de integración y asimilación de países receptores, es un fracaso individual y colectivo  ¿Cómo actuar en esta tesitura con inteligencia práctica además de la legítima defensa los que sufrimos este embate?

En este ataque  suicida participa un ciudadano francés, otro de Siria, con terroristas implicados de Bélgica, puede ser  “inglés, francés, español, etc. de origen “x”, “ y”,  o “zeta” etc. En este caso era un grupo de ocho asaltantes de los cuales siete se inmolaron en el acto criminal  y uno fue muerto por la policía. Dice  un comunicado que un detenido yihadista en Bruselas estuvo el día anterior, viernes 13, en Paris. Pronto sabremos más cosas de este otro segundo e  histórico atentado  contra Paris. 

En la capital de Francia todavía se vive el drama de los atentados del pasado  enero al semanario gráfico Charlie Hebdo y no nos  olvidamos  de otros atentados frustrados o menores, que se produjeron en fechas muy anteriores, antes incluso de los atentados de Al Qaeda, a las Torres Gemelas de N.Y. y de los trenes de Atocha en Madrid y en nuestros días.

Fueron tres horas de terror ese viernes negro parisino, de 13 de noviembre de 2015, causado  por jóvenes  fanáticos  iluminados,  al grito Allahu Akbar,  “Sólo Dios es grande”, contra  “infieles de Occidente”,  seguido de sirenas, gritos de llanto, y muestra de adhesión  inmediata de solidaridades,  al punto y en todas las partes del mundo. Incluso en ciertos puntos en el que encuentran  apoyo de traiciones inconfesas.

Aparte  trágicas anécdotas,  lo esencial  es que este segundo ataque a Paris es un ataque no sólo a Francia sino a Europa y a Occidente,  encabezado por  Estados Unidos, efectuado por un  ejército  en ciernes ( ISIS, Estado Islámico, “califato”), organizado en territorio de antiguas colonias occidentales, extendido  en zona  propicia y extensa para  su organización.

 Las consecuencias  están  a la vista: la  reivindicación de esos atentados por la Yihad islámica es un  grito de guerra,  anticipo de “inicio  de la tormenta  futura” que nos anuncia, de la que el mundo civilizado toma nota  mostrando su solidaridad y apoyo a Francia.

No en vano es Francia la  cuna de la Ilustración y el siglo de las Luces,  enemiga de  la mentalidad  medieval y obscurantista  de la que se  retroalimentan lugares  donde la Libertad no tiene  asiento.¿ Qué hay  de aquella  alianza de civilizaciones de tiempos recientes?  Antes de su puesta en marcha, tal vez quimérica, habría que neutralizar y educar  las mentes obtusas  y a las nuevas generaciones  hacia una ética universal  en la que se  aboguen por  los derechos y deberes fundamentales de dispares comunidades humanas.

Ante el dolor y el injusto sufrimiento que sufren los ciudadanos y la humillación a Francia la República francesa se declara en guerra contra lo que se llama Estado Yihadista, declara el “estado de urgencia” y afirma que su “respuesta será implacable” como acabamos de verlo  con el bombardeo de respuesta rápida e inmediata.

Francia llora a 129 víctimas  y sus más de trescientos heridos, muchos de gravedad, víctimas de la  locura asesina  de esos descerebrados  inhumanos.  España ha sido de los primeros socios europeos que  ha expresado su solidaridad e indignación ante la infamia perpetrada a sus vecinos,  antes de saber incluso que ha perdido  un ciudadano suyo en el criminal atentado,  Juan Ángel González Garrido, ingeniero granadino, instalado laboralmente en Paris, víctima  casual de este odioso atentado  contra todo y contra todos.

 En estos momentos  se reúnen en Turquía  el G-20, “los grandes” de este mundo, en  un  clima de veladas y claras amenazas a debatir,  más allá de la Literatura y del Cambio climático: ¿“crimen y castigo”, “guerra o paz”?.

Menester es que el mundo musulmán y árabe ate  y neutralice a  estos vástagos con ínfulas de “mártires”,  alienados por líderes irresponsables  que les arrastran  al abismo,  y menester es que el  mundo  europeo y occidental  haga reflexión  de  políticas y  conductas  del pasado y  ejemplaricen con una   sólida  ética universal  y de mayor responsabilidad  ante la Humanidad y la Común Historia occidental.

 ¿Nos acordaremos  de los errores propios del bizantinismo de aquel siglo famoso, y de otras épocas,  enfrascados en discutir sobre el sexo de los ángeles mientras rondaba el peligro del enemigo implacable? Una cosa es  cierta en esta tragedia compartida: Paris tiene la experiencia de sufrimiento y pese  al  pánico del momento  siempre tendremos Paris, la capital universal de la lógica y del  “savoir vivre”. Este es también motivo de esperanza. 




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