domingo, 11 de enero de 2015

MEDITACIÓN ANTE UN ASESINO

¿Qué pensar ante un asesino  de ayer, de hoy y  el  que  se prepara  para ser  mañana…?

Hoy  se hace público, en los medios  de difusión,  la muerte de  asesinos  concretos,  cercanos  o lejanos,  Hay umbral de graduación en la nómina de los asesinos , juzgados  en  sus  acciones y   efectos  por  códigos morales, sociales y sobre todo  penales en un contexto  civilizado.

Pero tú, asesino vivo o muerto,  - “ con causa o sin causa” - convertido en  asesino  consumado  y convencido,  eres  el  símbolo de Caín,  de  la raza de los cainitas de todos los siglos y de todas las latitudes geográficas y raciales. No hay excusa  de tu acción, cobijada por el odio, por un mal metafísico.

Por eso  se entiende  mejor  la  presencia  del  profeta  en la Historia humana  que  nos  ha recordado y nos sigue recordando  el  mensaje  del Absoluto,  del   Eterno, que nos es dado a conocer por los  históricos  fundadores de Religiones,  es decir, de comuniones de fe que religan con  el supremo Creador. Ellos  nos transmiten  la orden  eterna  y divina:  “ No matarás”.

Ellos, los Profetas,  no son  responsables  de nuestras  malas inspiraciones,  pues Ellos, mensajeros  del  Altísimo,  son  traicionados por sus  supuestos fieles.  Misteriosamente  el  Eterno,  El Absoluto, el Altísimo, Yahvé, Alá, ( Dios único)  dejó  la  Libertad  para  que Le sigamos  con bondad  y lealtad en la obra de la Creación. Te dejó  a ti, mi semejante  y asesino  para que te salves  o  condenes, según tus actos.

¿No hay  Infierno  ni Gloria  para  nuestras  acciones?  Están  ya, preventivamente, en nuestro mundo,  “el infierno son los  demás”,  decía  el  filósofo ateo  de nuestro  tiempo,  la gloria  es  la  presencia  del Bien  y  la Felicidad  con Dios, decía el aristotélico  Tomás de  Aquino. El  Bien  - la Gloria – el Mal –el Infierno-  viven  en  nuestro  mundo.   “Pero  mi reino,  decía Jesús ,  no es de este mundo”.


El problema para  la Sociedad  Humana  es cuando  se  transmite mal el mensaje,  cuando se infantiliza, cuando  se fantasea,  y también cuando  se ha dejado de creer  en  el Creador y en el prójimo. ¡Qué difícil es  aceptar así  la  bondad  y la solidaridad con los seres humanos como  imperativo categórico  kantiano!







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