Periodistas y comentaristas políticos españoles hacían toda
clase de conjeturas sobre el primer mensaje navideño de S. M. el Rey Felipe VI
a la Nación, el día 24 de Diciembre de 2014. Pronto terminaba ese año repleto
de acontecimientos diversos, incluido ese día la imputación de su
hermana la Infanta Cristina, esposa del ex - duque de Palma, Iñaqui
Urdangarín, también imputado y acusado de graves delitos monetarios y
hacendísticos, pendiente de inminente fallo judicial.
Tras el saludo lacónico de “Buenas Noches”, el Rey hace una
introducción de inmediatas reflexiones sobre el futuro y el presente
año 2015, manifestando compartir con sus compatriotas los tiempos
complejos y difíciles vividos en común, la dureza de la crisis económica y el
gravísimo paro, los graves problemas políticos en curso y el fallo
de conductas personales y sociales que provocan desde hace tiempo la
indignación y el desencanto en los ciudadanos. Recuerda su compromiso
ético ya manifestado tanto a su llegada al trono en el pasado verano como en
los actos de los premios Principado de Asturias.
Sus doce minutos de exposición, en solitario, elegante como
siempre, con barba comedida y grisácea, en un contexto de cuarto de
estar con fotos de la reina y de las infantas, y la enseña nacional “compone
una imagen directa y sencilla” que visualiza mejor el
problema de la corrupción y de la necesaria regeneración
ética, el problema de crisis económica y la gravedad del paro
laboral, y el tema de la propia cohesión y unidad nacional vital y
necesaria para resolver estos y más problemas añadidos.
Así, condena esas pésimas conductas corruptas que
tienen que ser cortadas “ de raíz y sin contemplaciones”, de forma
definitiva. Destaca la labor positiva de la mayoría de los eficaces servidores
del Estado y de la Carta constitucional “que ha dado gran
estabilidad al país que la refrendó con ilusión en 1978, que proclamó nuestra
unidad histórica y política y reconoció derechos a todos en su
personalidad. cultura, tradición, lenguas e instituciones”.
Pese a lo cual el joven Rey no está satisfecho con
lo conseguido porque “hay que corregir los fallos y acrecentar los
activos de la España de hoy “ - “no partimos de cero, por
supuesto - , pero “se necesita regenerar nuestra vida política y recuperar
la confianza de los ciudadanos en las instituciones, así como garantizar
nuestro Estado de Bienestar y preservar nuestra unidad desde la
pluralidad, nuestros grandes retos…” En cuanto a la Economía “el paro es
la gran prioridad …La Economía debe estar al servicio de las personas, con
protección especial a las personas desfavorecidas y vulnerables”.
Felipe VI, que sigue en el linaje Borbón a su predecesor Felipe
V de Anjou, llamado el Animoso, tiene palabras dirigidas a Catalunya a la
que nombra con cariño. Reconoce aspectos de colaboraciones anteriores de
Cataluña a la estabilidad de España. “Hagamos un esfuerzo de respeto a la
Constitución (en la que los catalanes participaron) que es garantía de todos”.
Medio año ya de Rey y cuarenta años preparándose para
serlo, aquel muchachito, Príncipe de Asturias, que vivió acontecimientos
tristes en su país tiene la capacidad para invocar el seny catalán con palabras
de razón y sentimiento al igual que al resto de los españoles: “me duele y me
preocupa desafectos o rechazos entre familias, amigos y ciudadanos […]
Los desencuentros no se resuelven con posturas emocionales o
sentimentales […] Hagamos todos un esfuerzo leal y sincero y
reencontrémonos…”
Termina su alocución invocando ilusión y esperanza porque “todos
nos necesitamos”. Una final consigna, antes de despedirse en
castellano, vasco, catalán y gallego:
“No debemos dejarnos vencer por el pesimismo, el malestar
social, o por el desánimo, sin afrontar con firmeza y eficacia las causas de
esos problemas y resolverlos …y también recuperar el sosiego”.
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