Hace días, en este otoño avanzado 2014, Malala Yousafsait y Kalash Satyarthi han obtenido conjuntamente el premio Nobel de la Paz por defender en sus
países y en el mundo, en grado heroico, los derechos de la infancia, la
educación femenina y la lucha contra la
explotación infantil.
Malala procede de la etnia
pastun, del Paquistán musulmán, y ha
sido perseguida a muerte por los talibanes.
Ese integrismo reaccionario
y bárbaro de su país intentó asesinarla en el año 2012, hiriéndola gravemente,
salvando su vida de milagro. Satyarthi,
hindú de la India, lleva
dos décadas luchando contra la explotación infantil en su país, también de
manera heroica.
Sus respectivos países, entre otros, formaban parte de la Unión India de Administración inglesa, en tiempos de Mahatma Gandhi (+1948).
Vino tras la II guerra mundial la
independencia y la formación del Estado
de Paquistán separado de la India con recelos y guerras, como la de Cachemira, a
posteriori.
Las dos naciones superpobladas
son hoy potencias nucleares. De ahí
que el dúo de acción de la
joven adolescente y el maduro
hindú sea práctico y simbólico, pues han forjado una
amistad paterno-filial de lucha común de ideales: - “Malala
es “mi hija” … “Toda la infancia del mundo es hermana de Malala e hijos míos, también.” Es el gran mensaje
del hindú.
Sus voces han llegado
a las Naciones Unidas, al Parlamento Europeo, a los propios países que han recibido una gran
lección de amistad entre los pueblos y la lucha por la dignidad de su gente.
Malala es feliz viendo que Paquistán y la India comparten su premio Nobel y tiene vida y esperanza para que no quede todo en “hermoso gesto” sin trascendencia. Espera que gane la Educación “que ha de salvar al mundo”.
Como dice también Satyarthi : si el
gasto militar mundial en armamento se redujera un poco, ese poquito podrá
llevar a todos los niños y niñas a las escuelas, con lo que también ganaría la Humanidad entera.
Malala tiene la grandeza de espíritu de decir que ofrecería el
perdón a los talibanes -pese a odios
y heridas soportados- si apostaran
por el diálogo, porque en una
contienda lo primero es vencer, lo segundo es convencer. Si el gran poeta
hindú Rabindranath Tagore, de Bengala (+1941) viviera hoy, nos trasladaría desde su milenaria India el
mensaje lírico de esos nuevos
luceros que brillan por los cielos de
Oriente.

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