martes, 17 de septiembre de 2013

LLENA DE CENIZA


En  otro  comentario de este verano,  manifestaba mi dolor solidario por  la catástrofe ferroviaria  de Madrid–Ferrol, con un balance  terrible de vidas humanas.  Ahora, ya  no hay  lágrimas en nuestros  ojos, secos en esta hora de septiembre  por el fuego  incendiario  de faunos asesinos.  Otra vez más, Galicia sufre de incendios que pudieran ser provocados intencionalmente: ¿Cómo, quiénes y porqué se incendian esos bellísimos parajes naturales de Pindo, Eziro, Mazarico, Carnota…, como otros de años atrás? Sufre su litoral, sufre sus montes, sufre su pueblo, sufre Galicia entera.

Desde mi vega granadina, hoy, puedo afirmar que todo lo que hay de noble y humano en España y en el mundo  está contigo, Galicia, pueblo insigne.  Así te he conocido y así te verá por último mi mirada postrera. En los   Relatos  que escribo sobre la España contemporánea, recordaba lo que sentía en mi adolescencia ferrolana,  recién venido de Andalucía: “En esa mañana jubilosa Galicia hacía su presentación, con su bello paisaje  verdoso y su llamativo paisanaje. Tres hombres de aspecto labriego se disponían a  saciar su apetito, mientras hablaban entre ellos su rústico lenguaje que en su día fue una de las manifestaciones  lingüísticas y culturales más importantes del Medievo románico…”  Ahí se inició  una empatía hasta devenir un gallego adoptivo enamorado de la lengua, la cultura y de su historia, rama entroncada en el gran árbol de España, con una mirada bifronte  hacia  América y hacia Europa, igualmente correspondida. Y seguía yo escribiendo: “Galicia  me dejó su huella durante diez años fundamentales de mi existencia. Mi madre se fundió con su tierra y de cualquier lugar donde me llevare el destino volvería a Galicia como un peregrino”. 

Ánimo, hermanos gallegos,  volverán a renacer vuestros bosques, vuestro bello verdor, porque “a raíz do toxo verde e moi malo de arrincare!”   Ante la tragedia de nuestra Galicia llena de ceniza, os invito a seguir fieles  a  vuestra sangre, y a la mía, porque “os amoriños primeiros  son moi malos de olvidare”.

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