Nacido yo unos meses antes de la guerra civil española de
1936 ya se había producido cinco años antes, en 1931, la irrupción de la II
República a través de unas discutidas
elecciones municipales.
La monarquía borbónica
con el rey Alfonso XIII, se derrumbó como una cáscara vacía ante el empuje
electoral y la alegría popular del 14 de abril. A medida que iba teniendo
uso de razón y de estudio supe que en el siglo XIX (1873- 1874) los españoles
¿todos?, - ciertamente no - , aceptaron una I República que duró un suspiro,
acabando sin fineza y sin grandeza. Una cosa la dignificó: mantener los colores
de la bandera tradicional como enseña nacional. De esa I República con dos
presidentes catalanes se habla poco, porque poco ha dado de sí.
La II República creyó cambiar la suerte cambiando de color,
so pretexto de hechos que nos llevan a nuestro Carlos V, sustituyendo en la
bandera nacional una franja roja por otra morada. Parece que eso iba a ser su simbolismo, con todas las moraduras del
nuevo régimen. Se han escrito millares de
monografías, centenares de libros de españoles y extranjeros, sobre el
advenimiento de esa República que algunos odian o defienden, sin un estudio serio y objetivo. Para esto último
no valen los demagogos, ni sofistas, ni
ignorantes.
De mayor, soy uno de los españoles que me veía acosado por
aquello de “a quién quiere más…”: ¿República o Monarquía? Según y cómo, pero
costaba trabajo decidirse. Me dediqué a estudiar la historia de España, al
menos la más contemporánea, dentro y fuera del país, e investigué textos y
documentos. Mantengo, mi respeto a aquella “alegría primaveral” de 1931; mi
crítica se dirige a cinco años que
arruinó la convivencia de los españoles (1931- 1936) ; mi censura, a los que
pudiendo concitar la paz a través del diálogo no lo hicieron (1934- 36) ; mi
esperanza, a que hayamos aprendido desde
1975 hasta la fecha, sobre fallos que
nos llevan otra vez a “pasarlas moradas”, cuando el buen pueblo busca trabajo, paz y seguridad , con
democracia y estabilidad. Quiero pan para hoy y sin hambre para mañana, entre
otras cosas.

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