lunes, 17 de noviembre de 2014

MAL FARIO: EL SENY CATALÁN EN PELIGRO


La deriva nacionalista menos moderada del catalanismo conservador de CIU  la  impulsó últimamente  Artur Más,  (CIU), actual presidente de la Generalitat, sucesor e “hijo político” de Jordi Pujol, su anterior  jefe,  fundador del Partido. No ha sido ajeno a esa situación  el entorno político y familiar  del  ex-Honorable presidente, hoy deshonrado  por propia confesión de parte.  Sin embargo,  es de rigor reconocer que el  presidente de la Generalitat y de CIU, Jordi Pujol sostuvo inicialmente una política de apoyo a la gobernanza de España, alternativamente con centristas, socialistas Y conservadores,  no sin ciertos roces entre el poder central y autonómico.

Otra figura clave de este proceso de último tiempo es Oriol Junqueras,  líder de la izquierda republicana catalana (ERC), que actúa  lejos del realismo y la  lealtad  del  jefe histórico del partido, Joseph Tarradellas, que coadyuvó a recuperar la Generalitat para Catalunya y afianzar la paz y las libertades en la España de la Transición y del Consenso constitucional.

¿Qué piensa el gran testigo mudo, anciano Jordi Pujol -  ahora hundido en profunda  quiebra moral -  de la etapa de esplendor que se abrió en la Generalitat catalana, dentro del Estado español? ¿Agradece todavía el amparo del Rey  de la Constitución de 1978 su oposición a las bayonetas del amenazante 23 de Febrero de 1981?: “¡Tranquilo, Jordi!” le dijo el democrático monarca  cuando  el Honorable de la época preparaba pasar los Pirineos  ante el peligro de golpe de Estado.

Toda su epopeya de “Cataluña liberada” fue conseguida en esa España, maltratada por  catalanes de injustos  prejuicios (“España nos roba”), dentro del marco constitucional de convivencia que juntos conseguimos con catalanes de buen juicio y de buen seny.  No sé si es cierta la sentencia que  se le adjudica al fallido patriarca catalán: “Hoy paciencia o prudencia: mañana independencia”. Si fuera cierto sería por su parte una perfidia y una traición.  

Sus mesnadas autóctonas y de arribo, sorprendidas y engañadas, están ante un gran dilema: ceder al  arrobamiento  por la independencia, al precio que sea, a espaldas de los demás pueblos de España, creyendo a cualquier  doméstico o foráneo, disfrazado de demócrata, o apoyando al “moisés” que le lleve a la tierra prometida.

El otro dilema es  recuperar el famoso seny catalán  de forma que Cataluña,  “catalanista e hispanizante” encuentre de nuevo su acomodo en el conjunto nacional de las Españas. La segregación, la secesión, la fractura nunca es positiva,  ni gratis, ni libre de riesgos presentes y futuros. La Historia si no es maestra de la vida al menos nos  avisa que no es sensato repetir errores  del pasado. El “todo o nada” no  es de demócratas sino de totalitarios. El “sé realista: pide lo imposible”,  es lema de barricadas ácratas o nihilistas del mayo 68; ya se sabe cómo acabó todo.

La figura de nuestro gran  filósofo Ortega y Gasset, gran español, admirador de Cataluña, europeo convencido, honesto diputado republicano, comprometido con la justicia y la verdad  ya nos lo dijo en el Parlamento de la II República HACE SETENTA AÑOS, con en el sabio consejo de vivir y convivir en  libertad y común destino.

La  solución lógica y pragmática, a la corta y a la larga, para Cataluña y el resto de España no es el enfrentamiento sino saber CONLLEVARSE.  Es decir, lograr acuerdos con imaginación,  inteligencia y voluntad, en busca de lo que une y no lo que separa y trabajar juntos  por nuestra verdadera “alianza de civilización”,  ese proyecto sugestivo en común  que nos aconsejaba Ortega.

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