La deriva
nacionalista menos moderada del catalanismo conservador de CIU la
impulsó últimamente Artur Más, (CIU), actual presidente de la Generalitat, sucesor
e “hijo político” de Jordi Pujol, su anterior
jefe, fundador del Partido. No ha
sido ajeno a esa situación el entorno
político y familiar del ex-Honorable
presidente, hoy deshonrado por propia
confesión de parte. Sin embargo, es de rigor reconocer que el presidente de la Generalitat y de CIU, Jordi
Pujol sostuvo inicialmente una política de apoyo a la gobernanza de España, alternativamente
con centristas, socialistas Y conservadores,
no sin ciertos roces entre el poder central y autonómico.
Otra figura clave de este
proceso de último tiempo es Oriol Junqueras, líder de la izquierda republicana catalana
(ERC), que actúa lejos del realismo y la
lealtad
del jefe histórico del partido,
Joseph Tarradellas, que coadyuvó a recuperar la Generalitat para Catalunya y
afianzar la paz y las libertades en la España de la Transición y del Consenso
constitucional.
¿Qué piensa el gran testigo
mudo, anciano Jordi Pujol - ahora hundido
en profunda quiebra moral - de la etapa de esplendor que se abrió en la
Generalitat catalana, dentro del Estado español? ¿Agradece todavía el amparo
del Rey de la Constitución de 1978 su
oposición a las bayonetas del amenazante 23 de Febrero de 1981?: “¡Tranquilo,
Jordi!” le dijo el democrático monarca cuando el Honorable de la época preparaba pasar los
Pirineos ante el peligro de golpe de
Estado.
Toda su epopeya de “Cataluña
liberada” fue conseguida en esa España, maltratada por catalanes de injustos prejuicios (“España nos roba”), dentro del
marco constitucional de convivencia que juntos conseguimos con catalanes de buen juicio y de buen seny. No sé si es cierta la sentencia que se le adjudica al fallido patriarca catalán: “Hoy paciencia o prudencia: mañana
independencia”. Si fuera cierto sería por su parte una perfidia y una
traición.
Sus mesnadas autóctonas y de
arribo, sorprendidas y engañadas, están ante un gran dilema: ceder al arrobamiento
por la independencia, al precio que sea, a espaldas de los demás pueblos
de España, creyendo a cualquier doméstico o foráneo, disfrazado de demócrata,
o apoyando al “moisés” que le lleve a la tierra prometida.
El otro dilema es recuperar el famoso seny catalán de forma que Cataluña, “catalanista e hispanizante” encuentre de
nuevo su acomodo en el conjunto nacional de las Españas. La segregación, la
secesión, la fractura nunca es positiva, ni gratis, ni libre de riesgos presentes y
futuros. La Historia si no es maestra de la vida al menos nos avisa que no es sensato repetir errores del pasado. El “todo o nada” no es de demócratas sino de totalitarios. El “sé
realista: pide lo imposible”, es lema de
barricadas ácratas o nihilistas del mayo 68; ya se sabe cómo acabó todo.
La figura de nuestro
gran filósofo Ortega y Gasset, gran
español, admirador de Cataluña, europeo convencido, honesto diputado
republicano, comprometido con la justicia y la verdad ya nos lo dijo en el Parlamento de la II
República HACE SETENTA AÑOS, con en el sabio consejo de vivir y convivir
en libertad y común destino.
La solución lógica y pragmática, a la corta y a
la larga, para Cataluña y el resto de España no es el enfrentamiento sino saber
CONLLEVARSE. Es decir, lograr acuerdos
con imaginación, inteligencia y voluntad,
en busca de lo que une y no lo que separa y trabajar juntos por nuestra verdadera “alianza de
civilización”, ese proyecto sugestivo en
común que nos aconsejaba Ortega.



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